Por Ricardo José De la Vega Domínguez
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El otro día en una Misa de Sanación, vi los rostros de unas personas que asistían por primera vez a la ceremonia. Recuerdo sus caras de asombro, su postura corporal rígida y con los brazos cruzados. No podían creer lo que estaban viendo. Cuando alguien ve por primera vez a un grupo de fieles católicos o cristianos alabando al Señor, ¿Que pensamientos llenan su cabeza? "Estos están como locos".
En mi primer visita a una misa con alabanzas -hace más de diez años- sentí una gran curiosidad por ver a la gente levantar los brazos y cantarle a Dios. Surgieron en mi fuertes dudas, sin saber que la duda es el primer paso para la FE. En el ambiente flotó un aroma a rosas y en mi cabeza sentí como la manita de un bebé que jugaba a trazar círculos con su dedo, al voltear no había nadie detrás de mi. Leí varios libros sobre lo que se conoce como "la caída en el Espíritu Santo". Y descubrí que a Dios lo podemos encontrar en la Alabanza y también en el Silencio. Los pensamientos de duda son normales, llegan cuando estamos frente a un misterio que nuestra mente no alcanza a descifrar. Con la práctica de la oración, la meditación, rezar el rosario, cantarle a Dios, vivir la escuela del silencio, llega un momento en nuestras vidas que el Espíritu Santo se manifiesta y vivimos "Effetá", como cuando Jesús tocó los ojos del invidente o los oídos del sordo y se abrieron. Vemos de un modo distinto con los ojos del Espíritu.

Recuerdo mi primera visita a una playa, fue en Acapulco, mis padres me llevaron de pequeño, no me gustaba que la arena se metiera en mis chanclas y me ardían los ojos con el agua de mar. ¿Que pensamientos pasaron por tu mente cuando fuiste por primera vez a la playa? Personas y niños chapoteando y gritando a la orilla, jugando con el oleaje y la espuma. Pronto me incorporé como niño a jugar con mi carretilla amarilla y mis palas rojas, construí con mi hermano montañas de arena y lagos salados.
La conducta de los bañistas es entendible pues vemos el azul del mar, sentimos su oleaje fresco, es comprensible ver a las señoras con su traje de baño acostadas en sus toallas recibiendo los rayos de sol en sus cuerpos bronceados. Sin el sol que brilla y da su calor y sin la caricia del mar ¿Qué parecerían dichas personas acostadas desnudas? ¿Que pensarías de aquel que da brincos de un lado a otro? "Estos están como locos". La misma frase que algunas personas dicen cuando ven a unos fieles cantar y mover sus manos para alabar a Dios.
Nadar en Dios es una experiencia mística, es soltar tu humanidad para reconocer que venimos de Dios y vamos a Dios y podemos nadar en el océano de amor y abundancia divina. Disfruto mucho también nadar en el silencio de Dios, con la práctica diaria de la Oración Contemplativa de los Carmelitas, misma que aprendí del Dr. Luis Jorge Gonzalez y del Dr. Rafael Checa, mi director espiritual que en la paz de Dios descansa en estos momentos.

Cuando comprendemos el misterio de la presencia del Espíritu Santo que es el mar, el sol y la espuma presente en las misas de sanación, en el silencio y en las alabanzas,
nos sumergimos confiados como niños que se entregan por primera vez a jugar en la orilla del océano, podemos ver al sol naranja cómo acude a sumergirse en el horizonte azul.
Como niños, podemos aprender a Nadar en Dios y recibir la suave brisa, a estar en la adoración del Santísimo, Orar con los brazos abiertos. Nadar en el amor de Dios sana. Hay muchos testimonios en las Misas de Sanación del Padre Daniel Gagnon OMI. Personas que sanan de un cáncer terminal, personas con problemas de audición que sus oídos se abren y escuchan como si alguien los hubiera acercado junto a la bocina. El caso de una mujer que tenía un embarazo fuera de la matriz y después de la Misa su doctor le comentó que el bebé crecía ahora dentro de su vientre.
El segundo jueves de cada mes, ven a la Guadalupita en San Cosme y aprende a nadar en Dios.





